Infraestructura, nuevo motor de crecimiento en América Latina y el Caribe

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Para el Banco Mundial, aunque la región está saliendo de la recesión, el nivel de crecimiento aún no es suficiente para sostener la transformación social que se requiere.

De acuerdo a la entidad, América Latina y el Caribe se encuentran en el proceso de definir nuevos motores de crecimiento y es ahí donde entra en juego el tema de la infraestructura y lo logística, los cuales forman parte muy importante de la productividad y competitividad que resulta actualmente necesaria.

Con los precios de las materias primas en baja y un escenario mundial incierto, América Latina y el Caribe está buscando alternativas para impulsar el crecimiento. Y existe un creciente consenso en la región de que para sentar las bases de la recuperación económica un punto clave es cerrar la brecha de infraestructura.

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Según Jorge Familiar, Vicepresidente del Banco Mundial (BM) para esta región, un ambiente macroeconómico menos favorable dificulta a los gobiernos trabajar en infraestructuras por su propia cuenta. “Por ello es esencial cambiar el diálogo de cuánto se necesita de la brecha de infraestructura a qué es lo que necesita y cómo lo hacemos”, dijo.

En las últimas décadas la región dio pasos significativos en el acceso a servicios de infraestructura, en sus muchas dimensiones: Agua, electricidad, Internet y comunicaciones móviles. “Sin embargo, hay una brecha en saneamiento y transporte”, resaltó.

En la actualidad la región invierte menos del 3% de su PIB en infraestructura, un promedio bajo en comparación a regiones como Asia Oriental y el Pacífico, que destina cerca del 7,7%.

Pero no se trata solo de dar más recursos. El reto está en invertir mejor, especialmente en transporte y saneamiento, los talones de Aquiles de la región, y en involucrar al sector privado en las inversiones en infraestructura.

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Por otro lado, Familiar detalló que la inversión en infraestructura tiene que ser sostenible ambientalmente para que mejore la calidad de vida, para proteger los recursos naturales de la región y crear resiliencia al cambio climático. Además, aseguró, tiene que ser sostenible en términos fiscales, sobre todo cuando “tenemos un nivel de crecimiento más bajo, pocos recursos fiscales, muchos requisitos de inversión y la necesidad urgente de proteger a los más vulnerables”.

El directivo del BM enfatizó que hay estimaciones de que los países deben invertir US$200,000 millones por año en infraestructura, y esto los gobiernos no pueden hacerlo solos, por lo que actualmente hay un nuevo énfasis en el sector privado, en las asociaciones público-privadas y en el uso más eficiente de los recursos públicos.

“Por ello, la región va a tener que estimular la inversión privada, desarrollar mercados de capital interno que van a aumentar el suministro de financiamiento para proyectos de infraestructura, así como establecer reglas claras de quién paga por qué, usando el dinero de los contribuyentes solo cuando es necesario”.

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